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Gibraltar cumple 300 años de la ocupación británica
Gibraltar es una colonia británica situada en el sur de España, justo en la entrada del Mediterráneo, a unos 35 km. de Tarifa. Sus 30.000 habitantes viven a la sombra de un impresionante peñón de 423 m. de altitud, rodeado por el mar excepto por el istmo que lo une al continente.
En agosto de 1704 las tropas inglesas de Rooke tomaron el Peñón en nombre del archiduque Carlos, uno de los aspirantes al trono español durante la Guerra de Sucesión. Finalmente, la guerra la ganó el otro aspirante, Felipe V, pero los ingleses no quisieron abandonar Gibraltar, debido a su importancia estratégica. Felipe V intentó conquistar la ciudad sin éxito, así que en 1713 España tuvo que aceptar la soberanía británica mediante el Tratado de Utrecht.
Antes, en el año 1711 este peñón había sido la puerta de entrada para la invasión musulmana, civilización que fundó la primitiva ciudad y que permaneció allí hasta 1462, año en que los castellanos la reconquistaron. Pero su situación geográfica ha motivado muchos ataques y destrucciones a lo largo de la historia, a manos de piratas normandos, turcos y berberiscos. Además, en una de sus cuevas naturales se han encontrado restos humanos del hombre de Neanderthal. Hoy día la población es un ejemplo de mestizaje en un territorio mínimo: abundan los apellidos españoles pero también los de origen italiano, hebreo, británico, árabe... Por su marcado carácter comercial (existen más del doble de empresas que de habitantes, aunque muchas son sólo un apartado de correos, para beneficiarse de las ventajas de su paraíso fiscal) reside allí gente de todo el mundo y varias religiones conviven armoniosamente (católicos, anglicanos, judíos, musulmanes, hindúes...), lo que se muestra en la variedad de templos religiosos y de vestimentas. Aparte de las lenguas propias de cada etnia, la población es bilingüe y usa una curiosa modalidad de spanglish en la que se alternan sin problemas palabras y estructuras del inglés y del español con un marcado acento andaluz.
Existe un parlamento propio, con un ministro principal, y la gran mayoría de la población es partidaria de constituirse en una nación independiente. Sobre todo, no quieren ni oír hablar de pasar a ser territorio español, porque perderían sus privilegios actuales (sobre todo, los de tipo fiscal). Esa situación es también consecuencia del cierre de la frontera que ordenó Franco en 1969 y que dejó incomunicado el Peñón por tierra con el resto del continente hasta la reapertura en 1982. Durante esos largos 13 años los yanitos (nombre que reciben los habitantes de la Roca) alimentaron su resentimiento contra los españoles, aunque muchos eran españoles que tuvieron que quedarse a vivir en Gibraltar.
Sin embargo, hoy día una buena parte de los ingresos gibraltareños vienen del turismo, pues mucha gente (sobre todo españoles) cruza la frontera para hacer compras (por ejemplo, tabacos y licores libres de impuestos), visitar el interior de la Cueva de San Miguel y ver los famosos macacos, los únicos monos libres en Europa. Las vistas desde la parte alta del Peñón son, además, magníficas, pudiéndose distinguir dos continentes, dos mares y tres países.
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