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La Semana Santa
Durante la Semana Santa, que tiene lugar en marzo o abril dependiendo del calendario cristiano, se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Aunque se celebra en toda España, en unas regiones se vive de una manera diferente a otras. Por ejemplo, en Castilla (centro-norte de España) el ambiente en la calle es más serio y el público está en silencio; hay procesiones que no tienen ni siquiera música. En cambio, en el sur las procesiones son más espectaculares y la atmósfera es claramente festiva; la gente está en la calle hasta altas horas de la madrugada y aprovecha para tapear en los bares.
Por otra parte, la Semana Santa se convierte en Andalucía en un espectáculo que trasciende lo puramente religioso y que se adentra de lleno en lo artístico y en lo sociológico. Son muchas las personas que participan activamente en las celebraciones y en muchas ciudades hay una o varias procesiones cada día; esto pasa incluso en algunos pueblos pequeños, como Tarifa. Cada día los pasos (plataformas de madera que llevan las figuras de Jesucristo o la Virgen) representan algún episodio importante de la Pasión; por ejemplo, el Domingo de Ramos se escenifica la entrada de Jesús en Jerusalén, y el Viernes Santo su entierro. El origen de estas procesiones está en los Autos medievales, representaciones teatrales sobre la Pasión y Muerte de Jesús con las que la Iglesia quería enseñar este pasaje de los Evangelios a los fieles, que en su gran mayoría no sabían leer. Poco a poco se fueron encargando tallas (figuras humanas de madera) a los escultores de la época y éstas empezaron a desfilar por las calles. Durante el periodo barroco se hizo muy importante dotar de dramatismo y fuerza a las tallas, por lo que se empezó a representar a Cristo con llamativas heridas y exagerados gestos de pena, mientras que la figura de la Virgen empezó a recargarse con joyas, ricos mantos y vestiduras, y lágrimas de dolor, con la idea de que el público sintiera emoción y compasión.
Debajo del paso va un grupo de personas que lleva todo el peso sobre sus hombros; además, no ven nada del exterior, así que otra persona tiene que ir guiándoles para que no choquen con las esquinas de las estrechas calles o con los cables eléctricos. Delante van dos largas filas de penitentes o nazarenos. Estos llevan una túnica larga y un capirote que les cubre la cara a excepción de los ojos, por lo que podrían parecer miembros del ku-klux-klan; pero el motivo original de cubrirse la cara era para pedir perdón por sus pecados anónimamente. Parece que esta costumbre empezó en Italia en el siglo XII, cuando una secta comenzó a cubrirse el cuerpo con sacos y a flagelarse para expiar sus pecados. Poco después esta costumbre se trasladó a España, donde los penitentes se cubrían la cara con telas; más tarde se extendió la costumbre del capirote, probablemente tomado del que la Inquisición solía ponerle a los judíos para ridiculizarlos. Aunque no es normal, todavía hay pueblos donde algunos penitentes se azotan en la espalda con látigos hasta sangrar. Lo que sí es más frecuente es que algunos nazarenos vayan descalzos para "sufrir" más (las procesiones suelen durar horas; hay una en Sevilla que sale la noche del jueves y se recoge el viernes al mediodía).
Los penitentes llevan las túnicas de un color determinado, según su cofradía, que es la asociación que organiza cada procesión. Las cofradías tienen nombres largos y recargados, propios del gusto barroco, y compiten por tener la Virgen más bonita y enjoyada, y el Cristo más doliente. En Sevilla algunas cofradías tienen una rivalidad sólo comparable a la de sus equipos de fútbol.
Las procesiones van acompañadas también de bandas de música, que interpretan marchas entre religiosas y militares. Esto, unido a la multitud de velas que rodean a la Virgen y a los cirios que llevan los penitentes, da una gran brillantez estética a los pasos cuando desfilan por los oscuros callejones del centro de Tarifa en las noches primaverales de la Semana Santa.
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